El título de esta entrada es parte de un twitt de @rubendiaz que completo venía a decir algo así como: Fuí a ver Origen. Lo que pasó es que después vi Centauros del desierto, y pasa lo que pasa. Confieso que cuando leí ese mensaje sentí un poco de desasosiego (no había visto todavía Inception), y de hecho me condicionó mucho su disfrute. El complejo mundo de reglas que Nolan construye para desarrollar su historia me pareció muy interesante, pero frío y artificial comparado con la simple trama sobre la que se desenvuelven los sentimientos de la de Ford. Lo peor de todo es que hasta el mismísimo final de la película de Nolan palidece ante el poético plano final de la obra maestra de John Ford. Pero… ¿estamos hablando del mismo cine?
Es necesario recordar que la película de Ford sufrió la intromisión en el montaje de los productores. Que su estructura original quizás quedó resentida por los cortes y que -ahí está el milagro- esa intromisión en el montaje engrandeció aún más una historia pura y lineal (en la frontera del melodrama puro) al añadirle huecos narrativos que puedes no percibir inconscientemente. Si a esto le añadimos la maestría de Ford en reflejar sentimientos desde la lejanía de la cámara (para que el paisaje abrume), de explotar la historia y mantener la tensión dramática cuando es necesario, nos encontramos con una historia que parece avanzar más por los sentimientos de los personajes que por su desplazamiento físico por los interminables desiertos y praderas.
Pero todo eso tiene sentido en la época que se rodó este film. Ahora es inconcebible una factura de este tipo. Es necesario acelerar el ritmo, que la pantalla se llene de objetos de todo tipo. Que la acción sea muy explícita. Para esa tarea Nolan ha dado muestras sobradas de competencia en las dos obras sobre Batman. Pero al contrario que en esos films de aventuras donde la tragedia interior del héroe está conseguida (como comic adulto filmado que es), en Origen prima la fría narración; ni siquiera convence la tragedia que vivió el protagonista y que condiciona mucho su comportamiento. Creo que Nolan ha demostrado que cuando hay que ganar dinero, si la película es de acción, pueden sobrar los sentimientos. Divierte, excita y cumple su cometido. Perfecto.
Pero claro, si uno ve Origen y después contempla Centauros del desierto, no hay solución. Ford wins.

